miércoles, 12 de febrero de 2014

Miss Miller

Leí sobre Dance Moms en la teleguía.      Me enteré que era un reality show pensado originalmente para centrarse en las madres de las jóvenes alumnas de  una academia de danza llamada Abby Lee Dance Company. Debido a  una acalorada discusión entre una “dance mom” y la dueña del lugar, la producción decidió dar protagonismo a la dueña quién es al mismo tiempo la coreógrafa del grupo de bailarinas a las que filman junto a sus madres en la preparación y competencias de cada semana.  Lo que captó mi atención del artículo fue el cómo describían a esta mujer.  Empecé a ver la primera temporada, y sí: Miss. Miller es un personaje gritón, exigente, demandante. Podría decir que sus niveles de empatía son bajos y personalmente por eso me parece encantador.

Como personaje.

 La introducción de la última afirmación la edité.  Originalmente después de los dos puntos escribí “ Abby Lee Milller es una señora gritona(...).” Como se lee lo cambié por ¨ "Miss Miller es un personaje gritón (…)”. Me parece fundamental establecer (recordarme) que si voy intentar hacer anotaciones sobre dos aspectos característicos de la estructura perversa tomando como agente perverso a Miss. Miller,  considero necesario no intentar referirme directamente a ella como persona sino más bien abordarla como un  Miss. Miller, un personaje encantador.

     Miss. Miller nos hace saber que su madre, instructora de danza también, la acogió como una más de sus alumnas durante su infancia. Para cuando cumplió los catorce años decidió abrir su propio studio. Afirma que ella sintió que sus talentos podrían ser mejor aprovechados detrás del telón. 
Así parece ser. 

        El sujeto perverso, cuenta la teoría, posee características muy distintas a las de los neuróticos en términos de las estrategias con las que se enfrentan a  la castración, a la falta.  Destacan la facilidad para ocupar un lugar de amo y la de ofrecerse como objeto a. Miss. Miller tiene estos “talentos”  que en definitiva son aprovechados por el partenaire por excelencia de la perversión, la histérica. Las madres temporada tras temporada acuden a Miss. Miller como si ella fuese la única opción para cumplir un deseo frustrado. Para imponer a sus hijas lo que sospecho supura de una herida narcisista.

Aclaro en este punto que depositar en el saco de la histeria  a todas las madres por igual es un recurso al que acudo tomando a estas madres igualmente como personajes. Le podemos dar un par de checkmarks a estas señoras en las casillas clásicas de la fenomenología histérica: señalar la falta frente a aquel ocupa el lugar del saber, en este caso personificado por Miss Miller y por otra parte el escudriñar desde una  ventana con el fin de resolver la incógnita ¿Cómo goza el otro?     
 Cómo goza al fin de cuentas una bailarina.  


     En definitiva estas damas drama son merecedoras como grupo e individualmente de una reflexión exclusiva. Para muestra un botón de lo escalofriantes que pueden llegar a oírse: “I definitely  think that my girls are like little dolls. I like to dress them up” (Melissa) o  “I wanted to be a dancer when I was I kid. I was never given that opportunity. I had a really hard childhood and when I make decisions for my children I based them on what I think is the best for my kids and unfortunately nobody did that for me as a girl growing up” (Christi) . Finalmente pero no menos impactante “I want Vivi to do the competition, the title wining. I want Vivi to be me. I want her to dance and be just like I was.” (Cathy)

             Por más interesantes que este grupo de madres me pueda resultar, prefiero dedicar mi atención a aquella  que asegura la fama sin vacilar, a aquella que tiene la vos roída por lo que muchos llamaríamos pasión y no a un grupo de gozadoras de retoños que al fin de cuentas resultan ser más siniestras que la del peinado bombacho ama y señora del lugar.

Miss. Miller ocupa un lugar de amo porque primero es la dueña del local y ya con este hecho toma ventaja en  la mayoría de las discusiones. Segundo  porque es la coreógrafa poseedora  del saber del cómo, cuándo, quién hace tal o cual cosa y además porque de no ser por su perrita Baby Broadway (viva o embalsamada) estaría sola en su reino.  Pero sobre todo Miss. Miller es toda una patrona porque también es una esclava. Ella depende de sus alumnas para tener a quién mandar, para llevar a cabo una coreografía no solo de baile si no del escenario perverso.

 El escenario perverso es repetitivo y una gran parte de esa repetición es liderada por la presencia ineludible del objeto fetiche. El fetiche de Miss. Miller parece ser las pre-adolecentes 8 a 12 que resaltan por su talento y oblatividad hasta que llegan a la pubertad. Le pasó a Broke. En el episodio tres de la primera temporada Kelly, la madre de Broke, afirma que su hija antes era la favorita de Miss. Miller “ She had her front and center on every number, 900 privates every week. ”            

    Ahora debido a que Broke según Miss Milller está pasando por  “ that junior-high business that they all go through,” Maddie es, durante la gran mayoría de los episodios, la  que obtiene los beneficios de ser la favorita por cumplir los requisitos. Sin embargo  su puesto siempre está amenazado.       Cuando aparece otra niña a la que le quede mejor el traje de fetiche (una Sophia o una Nicaya) el retrato  de Maddie  en el primer lugar en ese juego monótono de angustia denominado “the piramid” pasa de un head-shot a un head-chop.

Miss. Miller es también esclava de las madres. Ella depende de su dinero no solo para tener qué comer sino como soporte económico para vestuario, maquillaje, traslado. Para que su grupo  “elite” pueda mantenerse como elite, Miss. Miller necesita que sus bailarinas reciban clases extra de tap, de voz, de gimnasia, necesita que tengan atención médica. Ella depende de las madres para todo eso y más. Es decir lo que la hace amo la  esclaviza. De vez en cuando y a puro grito  las madres no desaprovechan oportunidad para ponerse en modo dialéctico.  Se suben al podio “ Yo soy la que le pago a usted para que le enseñe a mi hija.”  Pero no les dura. Miss. Miller las acomoda de nuevo del otro lado de la barra recordándoles que en ese local que lleva su nombre cualquiera puede ser remplazado. En otras palabras si no le gusta pack up your bags and go.

¿Pero por qué las madres no hacen la maleta y si lo hacen por qué vuelven a la compañía? ¿Por qué la aguantan tanto? ¿Por qué se someten y someten a sus hijas a la violencia psicológica? ¿Por qué, por qué, por qué?         Por que Miss. Miller se ofrece como la respuesta a las preguntas neuróticas caracterizadas por la duda. ¿Llegará a ser mi hija una bailarina profesional en Broadway, en el Cirque du Soleil? Claro que sí. Miss. Miller les dice sin titubear.  I can make you or break you. Ella es la profesora, la mentora, la profesional  que produce amazing employable dancers. “I produce stars” afirma en la introducción del primer capítulo de la serie. ¿Cómo se van a negar esas madres ante el brillo fálico con la que Miss. Miller con tanta seguridad se embadurna? No sé sabe hasta qué punto Miss. Miller ha producido “estrellas.” En las temporadas se mencionan si acaso un par nombres. Pero sea que haya catapultado a una o a mil, las dance moms le creen ciegamente. “ Abby can be though. She knows her business well. I think she produces excellent dancers but she demands a lot.” Dice Holly la que se ha etiquetado como la “rational mom.” Ojo que dice “ she knows her bussines” y no “the business.” Ilusoriamente para ella(s) el business tiene un solo objeto y ese objeto a es Miss. Miller.


No terminé de ver el show. Lo dejé al final de la tercera temporada. (¿Por qué aguantaría tanto? ¿Por qué, por qué?)

     No mencioné  cómo la máxima del perverso es el poner, el saber poner diría yo,  la angustia en el otro. 

Pero les  voy a contar algo que me conmovió.  Así se refiere  Miss Miller a su madre .
                                                                                   
                               “ She is nice to everyone, but me.”